Síntesis y opinión sobre la lectura: Reflexiones sobre el Derecho Penal del Futuro de Lorenzo Morillas Cueva

Síntesis 

Es un análisis (del propio autor) acerca del futuro, de la libertad, de derechos humanos, de comportamientos ciudadanos, y de la autodefensa social frente a la intolerancia, la violencia, la manipulación y la desigualdad. Ninguna parcela del ordenamiento jurídico es más sensibles a las variaciones ideológicas que el derecho penal, la influencia de los cambios políticos en las leyes punitivas es evidente por más de que se de una simple ojeada a la historia de los pueblos: se puede ver que el derecho a castigar, expresa en gran medida la ideología y en consecuencia las convicciones o falta de convicciones jurídicas dentro de una determinada sociedad.

El derecho penal moderno de corte occidental, surge con un acentuado planteamiento liberal, donde supone un intento de frenar los vicios que las leyes penales presentaban en el S. XVIII. Los principios que caracterizaban a este derecho eran: el de libertad, igualdad y fraternidad donde se ha ido mostrando al derecho como un determinado orden, un concreto sistema de relaciones sociales a defender y a proteger, esto era lo que se refería la sociedad de un derecho punitivo. Sin embargo no obstante de esta simple concepción del derecho punitivo, se vio sacudida por agresiones de diversa índole que realmente preocupa al derecho liberal. Se puede decir que surgieron confrontaciones científicas ya sea como el positivismo y sus posteriores derivaciones u otras de carácter político- Ideológico, y es donde también se empezó a atacar lo que es el derecho penal liberal, donde la libertad y la igualdad se muestran condicionadas.

  

Por otro lado el derecho liberal también fue atacado por los llamados regímenes autoritarios, demostrando expresiones de un derecho penal autoritario quebrantador de las mínimas garantías ciudadanas y que hacen de la represión penal, es decir de la pena, un instrumento político en manos del estado al servicio de su régimen y de sus intereses. Pero estos regimenes totalitarios no vienen a ser el principal rival al daño del progreso del derecho penal, sino de otro frente más serio y poderoso que son las ideas o llamadas también concepciones ideológicas. De ellas se puede rescatar por ejemplo las concepciones ideológicas anarquistas y también abolicionistas. También se encuentra la teoría marxista la cual entiende al derecho punitivo como la defensa de una clase la cual es la dominante, a la luz de esta teoría el crimen es el producto de las condiciones económicas competitivas y de la explotación económica, donde se considera que con una estructura socialista esto llegará a desaparecer.

  

No ignoran las dificultades de estos planteamientos y se apresuran a establecer alternativas para las posibles acusaciones de utopía. La tesis lejana y para muchos utópica de la desaparición del estado y el derecho y por ende también el derecho penal, ha sido contestada desde innumerables frentes, incluso desde posiciones relativamente cercanas a las de sus defensores.


En un estado social democrático, lo esencial es que democracia y derecho se institucionalice en un estado de derecho. La importancia que tienen algunos planteamientos doctrinales no es la propia existencia del derecho penal sino su configuración, su estructura, su contenido, su función y su forma de ser estudiado. Por ello se habla de un derecho penal de reglas, de un derecho penal de principios, de un derecho penal simbólico, de un derecho penal mínimo, de un derecho penal para la globalización; que son planteamientos que miran más hacia un futuro que un pasado.

En cuanto a la función del derecho penal, unos consideran que es la realización de la justicia y en cuanto a la función asignada al derecho penal de la mediada de seguridad es la prevención especial. Otro sector doctrinal señala una doble función; protectora y motivadora, donde según este criterio la norma actúa protegiendo las condiciones elementales mínimas para la convivencia y motivando al mismo tiempo, en los individuos que se abstengan de dañar esas condiciones elementales, haciendo que la protección y motivación sean las dos funciones inseparables e interdependientes de la norma penal. Con todo lo expuesto se puede decir que existe una diversidad de teorías que manifiestan la misión del derecho penal, sin embargo de ellas se puede sacar las conclusiones que responden al sentir mayoritario: donde el derecho penal tiene una doble función de protección y de prevención.

 

En la primera función, las discusiones surgen cuando hay que clarificar el contenido de semejante afirmación. Para nosotros la función protectora que debe cumplir el derecho penal se refiere al amparo de bienes jurídicos del ciudadano y de la comunidad, donde los bienes jurídicos son aquellos que son tomados por el derecho para su respectiva defensa. En ese contexto, el derecho penal cumple la función de protección de bienes jurídicos que se manifiestan como valores esenciales del individuo y de la sociedad.
En cuanto a la segunda función, que es la de prevención, se puede decir que el derecho penal llega tarde. Es de ahí que se considera importante lo que considera Kaufmann de que la protección de bienes jurídicos mira al futuro, al comportamiento del delincuente o de otras personas que todavía no han delinquido, donde el derecho penal es eminentemente preventivo. Se puede decir que la prevención, logra que el derecho penal cumpla la misión de protección y es aquí donde se empieza a identificar la función del derecho penal con la función de la pena y de la medida de seguridad Lo que parece aceptable es que la pretensión más primaria del derecho penal es la de reaccionar como un mal frente a la comisión de una conducta estimada delictiva como medio de protección.
El eje esencial de este texto es el derecho penal del futuro. El futuro del derecho penal es el de su propia permanencia, el de su necesidad social para precisamente proteger los valores fundamentales de la sociedad. El autor plantea que quisiera que su respuesta, que pudiera mover la utopía de la abolición de cualquier modo de represión ciudadana hacia una realidad coherente; pero sabe al mismo tiempo que esto no es así y que desgraciadamente tampoco lo será en el futuro. En consecuencia a pesar de la imagen de subordinación ideológica del derecho penal a la política, parece esencial y necesaria su supervivencia. En cualquier estado el derecho penal es inevitable, y para el derecho penal moderno y de futuro el sustento del estado democrático y de derecho es una coordenada absolutamente imprescindible. Una de las cuestiones que ha de presentarse con mayor intensidad en el derecho penal del futuro es el de su mundialización o al menos el de su relación con el acelerado movimiento económico de la globalización y su incidencia en el respeto a los derechos humanos bajo un respeto de compromiso mundial. Pero al mismo tiempo se puede ver que existe la globalización del crimen y una globalización de las respuestas frente al crimen. Por otro lado también la globalización del derecho penal, especialmente en Europa existe una compleja relación entre lo que es lo jurídico y lo económica, haciendo que esta indeseable subordinación, probablemente lleve a éste a las fortalezas de las coordenadas mundializadas de la economía. Por ello es razonable tratar al futuro en conseguir de una manera escalonada y progresiva una protección penal coordinada y colectiva de aquellos bienes fundamentales para el desarrollo comunitario y para las libertades y derecho de todos los ciudadanos, superando los estrictos marcos económicos.

Una de las cuestiones de especial relevancia entorno a la incidencia de la globalización en la esfera jurídico penal, es la de la protección de los derechos humanos. La globalización política e incluso económica puede llevar a una contradicción extrema por un lado los afanes expansionistas del derecho penal al servicio de los intereses de las nuevas formulas de mercado; por otro en sentido absolutamente distinto, un proceso de vaciado de los contenidos de las normas punitivas. El derecho penal del futuro debe continuar en un derecho basado en un principio de intervención mínima, sin caer en un excesivo simbolismo, pero al mismo tiempo debe afrontar las nuevas formas de delincuencia siempre bajo la cobertura del absoluto respeto a los principios. Las sanciones no desaparecerán pero el penalista, el magistrado, y el criminólogo se ocuparán de las sanciones menos que actualmente y se ocuparán más de formular regulaciones de los conflictos; regulaciones poco desvalorizantes, poco estigmatizadoras de la persona pero que tiendan fundamentalmente a reestructurar la sociedad, a disminuir la exageradas desigualdades económicas, las irritantes injusticias sociales, los abusos políticos, más que reeducar o reinsertar al delincuente.

El autor como conclusión plantea un modelo futurista del derecho penal, considera que se debe descartar cualquier tipo de forma totalitaria de elaboración del derecho penal: se está hablando pues de un derecho penal protector de bienes jurídicos esenciales, un derecho penal con carácter de última ratio, para sus penas especialmente para la pena privativa de libertad, un derecho que posibilite auténticas respuestas internacionales frente a los derechos humanos de todos los ciudadanos.  

Reflexión 

Derecho penal y derechos humanos. Si excluimos el sustantivo, en un caso singular y en el otro plural, quedan frente a frente los dos adjetivos: “penal” y “humanos”. “Penal” de pena, “humanos” de hombre, de seres humanos. Una pena por un lado y los seres humanos por el otro. Pero no hay que olvidar que ambos adjetivos están calificando un sustantivo: derecho y derechos, respectivamente. En un sentido literal, el derecho penal es el derecho que aplica penas a los seres humanos. Y los derechos humanos son los derechos que tienen los seres humanos, ante todo, a no sufrir penas. También denota una oposición el singular de “derecho penal” y el plural de “derechos humanos”. El primero es el Derecho, único, manifestación del poder estatal, el segundo son los derechos, múltiples, no sólo en cuanto a su número sino en cuanto a sus titulares. Sin embargo, parecería extraño referirse a las penas previstas por el derecho penal como a violaciones de los derechos humanos. El derecho penal está legitimado, dadas determinadas condiciones jurídicas, políticas e institucionales, para establecer penas. Así como lo estuvo hasta determinado momento para establecer como pena los suplicios más espantosos, a los que ahora no vacilaríamos en calificar de violaciones de los derechos humanos. Foucault recuerda que en la segunda mitad del siglo XVIII se levanta en forma casi unánime la protesta contra los suplicios. La protesta contra los suplicios se expresa “comme un cri du coeur ou de la nature indignée”: en el peor de los asesinos, una cosa, por lo menos, hay que respetar: su “humanidad” 

El discurso mantenido por los operadores políticos hasta el momento nos lleva consecuentemente a un modelo futurista del Derecho Penal, con ciertos y necesarios anclajes del presente. Al parecer, de apoco aparecen los trazos de lo que es un derecho penal autoritario y represivo, y pareiera que al paso que vamos ello se va cumpliendo.

 Tenemos que partir de descartar definitivamente cualquier tipo de forma totalitaria de elaboración del Derecho Penal. La propia configuración de los Estados, de  las organizaciones supranacionales de ahora y del futuro nos da un pronóstico de continuidad del fundamento del Derecho punitivo en los principios y libertades de las estructuras democráticas, sociales y de Derecho. Así que el derecho penal del futuro sea contrariador de principios o no, va a depender de tener bien en claro su fundamento antropológico, así es deseable: Un Derecho Penal protector de bienes jurídicos esenciales para la protección de la sociedad; un Derecho Penal, con carácter de ultima ratio y de extrema ratio de la ultima ratio, para sus penas, especialmente para la pena privativa de libertad; un Derecho Penal que posibilite auténticas respuestas internacionales frente a las conductas que vulneren de forma grave los derechos humanos de todos los ciudadanos; un Derecho Penal que deje absoluta preferencia a otras reacciones sociales frente a la delincuencia. En síntesis, un Derecho para la igualdad y para la libertad. Ese debería ser el Derecho Penal del Futuro. 

5 comentarios hacia “Síntesis y opinión sobre la lectura: Reflexiones sobre el Derecho Penal del Futuro de Lorenzo Morillas Cueva”

  1. SAQUENMAS LECTURAS PORFA

  2. cristian echalar Dice:

    Que buena literatura, me encanta las teorias y pensamientos que en materia penal se escrimen en este Sitio, soy Abogado en el Ejercicio Libre, trabajo en Bolivia pero debo decirles muy triste que en mi pais poco o nada sirven todas estas teorias pues la unica que aqui se aplica es la relacionada con La Corrupcion que pena ojala esto cambie aunque cree que muchas generaciones de abogados seguiran biendo esto, pues somos los abogados los que aventamos las practicas ilegales.

  3. esta bien ok saquen mas

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